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miércoles, 9 de enero de 2013

Fundamentos filosóficos de la teoría de la evolución orgánica


[Esto es otra reliquia, notas consignadas hace mucho tiempo, como en el caso del tema anterior.  Además fue también una conferencia sobre asuntos filosóficos.  La dictó en Bogotá Carlos B. Gutiérrez, un filósofo con estudios en Alemania, en la sede de El Muro Blanco, una organización cultural, a fines de los años 70 o comienzos de los años 80. 

No hace mucho pude comunicarme con él por correo-e para contarle acerca de mis transcripciones y contestó: "Le agradezco la oportunidad de recordar la charla en el Muro Blanco; lamento el caracter fragmentario de la transcripción.  ¿Es accesible el documental sobre Nietzsche? (…)"   Respondí proponiendo esto: "El comentario sobre la transcripción sugiere la posibilidad de usarla como punto de partida de un informe más enjundioso, menos esquemático (…)."  Lamento informar que no mordió el anzuelo, ya que hasta ahí llegó el intercambio de mensajes.  Lo ideal para todos habría sido que se hubiera animado a reescribir su propia conferencia.  Tal vez a su edad ya no resulta fácil entusiasmarlo, así que tenemos que contentarnos con mis versión raquítica y desnutrida.

Era el asunto más adecuado para ubicar luego de lo anterior, donde se dice esto:  "En cierto sentido es [Vico] un antecesor de las ideas de la evolución."] 

 

 

La teoría de la evolución no surgió repentinamente de la mente de un solo hombre.  [Debió decir "no surgió repentinamente de las mentes de sólo dos hombres".  Es injusto el trato que se da a Alfred Russel Wallace, codescubridor del fenómeno de la evolución orgánica, por haber sido un espiritista, como si eso lo descalificara para toda la eternidad.  Este comentario lo escribe alguien cuyo abuelo materno trajo la teosofía a Colombia hacia 1920, pero que no ve que sean incompatibles la ciencia y los asuntos llamados "religiosos", que no se circunscriben al ámbito de las religiones establecidas y organizaciones afines, como la teosofía.  Mi relato de la vida real titulado "La muerte de Alicia", agregado a éste archivo en enero, se refiere a un episodio relacionado con el espiritismo en el que estuvo involucrada mi abuela materna.]  En esa época se iba llegando por diferentes canales a una conciencia de lo que es la evolución:

1)  las evidencias paleontológicas (se observó que a diferentes niveles se encontraba fósiles de una misma especie pero con ligeras diferencias),

2)  la clasificación de Linneo [el naturalista sueco] (éste científico hizo por primera vez la clasificación de todas las plantas y animales con base en la morfología, tras lo cual se descubrió que existían correlaciones que sugerían parentescos entre especies diferentes),

3)  el desarrollo de la ganadería en Inglaterra y Francia (en la hibridación de animales se utilizaba el criterio de la selección para el mejoramiento de las razas, y esto sugería que de alguna manera la Naturaleza utilizaba el mismo criterio), y

4)  los órganos que no tenían función [llamados "órganos rudimentarios" u "órganos atrofiados"] (se consideraba que todo órgano tenía necesariamente una función y que si alguno parecía no tenerla, por ejemplo, el famoso hueso en la mandíbula de las serpientes, lo más probable era que en algún tiempo sí había tenido una función y que luego la había perdido, y esto también sugería un proceso de cambio).

[Del apéndice en el sistema digestivo humano se decía era otro caso de esos, pero se ha visto que tal vez tenga una función importante en el sistema de defensas del organismo, o sea, el sistema inmunológico.]

Hasta el siglo XVIII dominaba en el pensamiento europeo el mecanicismo, que había sido una reacción al mundo medieval en un momento en que las ciencias naturales fueron adquiriendo preponderancia.  Reducía a los seres vivientes más o menos a máquinas.  La pregunta "¿de dónde salen esas máquinas?" era peligrosa y se dejaba a un lado porque podía llevar a enfrentamientos con la Iglesia.

Sólo en el siglo XVIII se planteó un origen, pero como reacción contra ese desborde sentimental del romanticismo llamado panteísmo, para el cual Dios estaba en todas partes e infundía vida a todos los seres.  Los mecanicistas replicaron que el asunto no era tan fácil y dieron a su vez la siguiente explicación:  la máquina es creada por Dios, que es como un Gran Relojero o Mecánico que crea esas máquinas y las pone a andar.  La función de Dios queda reducida a la de un simple relojero.  Ya no es un creador permanente de vida --deja de ser una necesidad permanente de la vida--, puesto que basta que ponga a andar a los mecanismos.

[Eso es compatible con la idea de un Dios falible, pero no con la de un Dios omnipotente, cuyo control sobre Sus creaciones es, por ende, permanente y absoluto.  Algunos creyentes recurren al concepto de la falibilidad divina para explicarse el fenómeno del mal, que les parece incompatible con la sabiduría y la justicia divinas.  Su Dios da vida a las criaturas y luego ve como ellas comienzan a sublevarse sin que pueda evitarlo.  Otros atribuyen la facultad de la omnipotencia a su Dios pero lo consideran incapaz de concebir y tolerar el mal, por lo que se ven obligados a atribuirlo a una especie de Antidiós que se rebela contra la Voluntad Divina, y no se percatan de la contradicción inherente a esa opinión.  Si alguien no hace la voluntad de su Creador entonces éste Ser no es omnipotente. La única salida lógica a ese dilema es reconocer que todo, incluso el mal, forma parte de un Plan Divino (o que se trata de un Dios defectuoso).   Pensar lo contrario es tan absurdo como creer que es posible que los personajes de una novela puedan rebelarse contra el autor y comenzar a vivir sus propias vidas.  Los pensadores griegos ya habían entendido que es imposible concebir una cualidad sin su contrario.  Sería imposible concebir el bien si no existiera el mal, concebir la luz sin no existiera la oscuridad, etc.  Esa idea tan sencilla basta para explicar el fenómeno del mal.]

 La teoría de la evolución operó dos cambios fundamentales en el pensamiento europeo.  La Biblia había enseñado a pensar prescindiendo del aspecto temporal: no se necesitaba el tiempo puesto que Dios creaba las especies perfectas desde un principio.  El cambio consistió en concebir todo lo que existe en función temporal.  Ahora el tiempo pasaba a jugar un papel en la existencia.  Un segundo cambio fue invertir el orden de relación entre causa y efecto.  Para Aristóteles la causa es superior al efecto, tiene prioridad necesariamente, ya que la causa engendra el efecto, pero ahora se observaba claramente que el efecto es superior: el último eslabón de la cadena de la evolución, el último animal, tiene una mayor  complejidad por haber tenido que adaptarse a situaciones cambiantes a lo largo de un período de tiempo más extenso.

[No opinaba lo mismo uno de nuestros profesores de biología en la antedicha universidad.  No le parecía que pudiera hablarse de "superioridad" con base en el criterio de la complejidad, y nos decía que lo fundamental es la adaptación, y que, por ejemplo, no puede pedirse más prodigio que una esponja perfectamente adaptada a su medio que pasa toda la vida chupando agua en su rinconcito del Universo.  Ese acoplamiento exquisito con el contorno natural le parecía tan sublime y admirable como cualquiera de las más elogiadas creaciones humanas.]

Además la teoría de la evolución aportó una nueva noción de lo que es "desarrollo" o "desenvolvimiento" proponiendo una secuencia sin plan (de suponer la existencia de un plan el científico se metería en problemas teológicos) ni dirección pero con progreso.  No es posible predecir que va a pasar.  Se trataba de un ataque violento a la concepción cristiana de la vida --la vida pasa a ser prácticamente una aventura--, y un rechazo a la noción mecanicista del concepto de "desarrollo" según la cual el modelo fijo o estructura de cada especie determinaba las características de esa especie y ninguna especie podía transformarse en otra. 

Según la teoría de la evolución cada estructura es un producto de la vida misma: la vida crea sus propios modelos, espontaneamente.  Como dijo Darwin, en la amiba no pudo haberse predicho que aparecería algo como la columna vertebral.  Este fue el golpe de muerte para el platonismo, que dominó la filosofía hasta el siglo XIX, como lo demostró Nietzsche, y que estaba íntimamente relacionado con la Iglesia Católica.  Ya no había ideas invariables de una vez por todas o arquetipos fijos.  [Platón afirmaba que existía una especie de taller, depósito o archivo de prototipos, moldes, modelos o conceptos de todo lo que existía, llamados "arquetipos", que daban existencia a los ejemplares respectivos en el mundo material.  Por ejemplo, todas las hormigas del mundo eran copias de la hormiga arquetípica, todas las sillas, copias de la silla arquetipo, y así con todo lo demás.]  No se podía seguir hablando de las "esencias".  Ya no había nada inmutable en la vida, sino "funciones".  En vez de hablar de las esencias de cada género de vida se pasó a hablar de las relaciones entre lo vivo y el medio que está cambiando permanentemente.  La vida pasó a ser una función de relación entre estas dos variantes: el mundo-ambiente y el organismo.  La esencia de la vida quedó reducida a un absoluto mínimo: el instinto de conservación.

Al ser humano también se le había aplicado una concepción aristotélica --que era un "animal racional"--, pero los científicos afirmaron que con esto no se estaba definiendo adecuadamente el fenómeno "ser humano" porque de nada servía una definición puramente formal.  También quedó abolida la posibilidad de definir al humano como la imagen de Dios.  Los privilegios del ser humano dentro de la Naturaleza quedaron abolidos.  La idea de aquel como algo muy perfecto, como la imagen de Dios a cuyo servicio estaba la Naturaleza [alusión a Génesis 1:26-28] quedó desenmascarada como una gran desfiguración ideológica ya que el mecanismo de la adaptación tenía como objetivo corregir defectos.  Ya no existía una naturaleza ideal de lo que es el ser humano.  Más tarde con el existencialismo de Sartre se afirmó que en el ser humano lo importante no es la esencia sino la existencia. 

La razón quedó reducida a un medio del instinto de conservación, una mera herramienta entre otras muchas de las que se vale la vida, un fenómeno reducido dentro del concierto de los fenómenos vitales.

La teoría de la evolución hubo de encarar el asunto de las relaciones entre el espíritu (lo subjetivo) y la materia (lo objetivo), o sea, el problema de la subjetividad: ¿en qué punto de la escala evolutiva comienza la posibilidad de interioridad?  [El contexto indica que lo de "interioridad" alude a la capacidad para reflexionar.]  Este problema no se le había planteado a la filosofía antes de Darwin. 

La filosofía estaba en una situación muy feliz: se suponía que todo lo que existe se divide en dos secciones: espíritu y materia.  Por ejemplo, Descartes habla de res extensa (materia sujeta a medición) y res cogitans (conciencia).  [En latín res significa "cosa", como en res publica, de donde deriva "república", literalmente "cosa pública", y cogitans, "pensante".]  Era una explicación muy conveniente para la ciencia: como todo tenía dos partes --lo extenso o material y las cualidades secundarias adicionales (tacto, gusto) o las vivencias interiores del sujeto--, los científicos se limitaban a estudiar lo primero y a reconocer la existencia de lo otro pero sin tocarlo.  A partir de Darwin hubo que abandonar ese dualismo y se hizo necesario un monismo: explicar todo en función de un solo principio.  Todo surgía de la materia.    

 

 

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