.................................................................

.................................................................

miércoles, 9 de enero de 2013

La filosofía de la Ilustración y la historia


[Fue una conferencia escuchada hace más de un cuarto de siglo, el 13 de agosto de 1.984, en la Biblioteca Nacional en Bogotá, a Jaime Jaramillo Uribe, que llaman "Padre de la Nueva Historia de Colombia" y por eso mismo, supuestamente, el historiador más importante de su sufrido país, devastado durante dos siglos de existencia por gobernantes asesinos y ladrones. 

Piénsese, por ejemplo, en el fraude financiero más reciente, que revelaron los medios noticiosos el mes pasado: el de Interbolsa, empresa de corredores de bolsa de unos señorones bellacos que se reunían en el palaciego Club El Nogal, situado también en la capital, para tramar el robo de la plata de los pensionados que han trabajado como bestias toda la vida y van a quedar ahora en la calle.  Hace unos años un atentado con bomba en ese club dejó unos 40 y pico de muertos, pero los que se salvaron siguen robando, entonces la conclusión es esta: que 40 fue poco.

Pasando a asuntos más dignos, Jaramillo fue profesor mío a comienzos de los años 70 en la Universidad de los Andes, también en la capital, durante una juventud de mucha inestabilidad, en la era de la "contracultura" en los Estados Unidos engendrada por la Guerra de Vietnam y que se extendió al resto del mundo. 

Entré a estudiar la carrera de Biología en el '69, el año del primer alunizaje tripulado (el del Apolo 11) y el Festival de Woodstock en medio del lodo, al tercer semestre me retiré temporalmente, luego regresé a mi ciudad natal, inicié la carrera de Sicología, regresé a la de los Andes a continuarla porque me había retirado solicitando un "incompleto total" que permitía regresar en cualquier momento, y fue cuando me inscribí en una clase de Jaramillo, que me pareció un profesor remalo, de clases confusas y monótonas que eran una tortura, y creo que la materia era sobre los métodos de investigación en las ciencias sociales.  Tampoco terminé esa carrera, y eventualmente estudié varios lenguajes en un curso de dos años de programación de computadores, y además obtuve una licencia de traductor e intérprete oficial de inglés, que fue en lo que laboré durante años, en equipo con una tía bilingüe.

Me sorprendió ver que la conferencia de la presente transcripción, escuchada unos 12 años después de los estudios universitarios incompletos, resultara ser bastante amena, y como era de los que hablan lentamente mis notas fueron sus palabras textuales, como grabadas en medio magnético o registradas taquigráficamente.]   

 

                                    

La época de la Ilustración es realmente uno de los momentos estelares del pensamiento, de la cultura universal.  Esa generación de pensadores franceses, ingleses, alemanes, italianos, algunos españoles, vivió entre 1740 y 1780.  Le dio a la historia del pensamiento y la cultura un momento comparable al Siglo de Oro de Grecia [siglo V a.C.] y al Renacimiento.

Para evaluar la contribución del Siglo de la Ilustración o "de las Luces" a la historia de lo que llamamos el "pensamiento moderno", que está caracterizado especialmente por un producto, la ciencia, y especialmente la ciencia de la Naturaleza, y casi que podríamos decir la física y la mecánica, es conveniente tener en cuenta algunos antecedentes.

Este proceso de formación del pensamiento moderno, estas ubicaciones cronológicas, son relativamente convencionales: es muy difícil decir cuando comenzó el pensamiento moderno típico.  Por ejemplo, lo que se puede destacar como característico del pensamiento moderno suele ubicarse a mediados del siglo XVII, y concretamente, está vinculado éste movimiento a ciertos nombres: Descartes, que publica su Discurso del método en 1640, Galileo, que lleva a cabo investigaciones sobre la [¿física?] y la mecánica [lo segundo es parte de lo primero, así que lo primero pude haberlo escuchado mal], y Newton, que alrededor de la misma época publica su Filosofía de la naturaleza, que es su Física.

Descartes es el creador de una de las características del pensamiento moderno que van a llegar a su culminación durante la Ilustración: el pensamiento crítico.  Detrás de esta expresión, "pensamiento crítico moderno", está una serie de conceptos sinónimos: el racionalismo, la Ilustración, etc.  Con su idea de darle un fundamento nuevo a la filosofía --la matemática--, estableció el principio de la "duda metódica".  Dudó de la tradición en general, de la sabiduría y el saber que se traducía por obra de la autoridad, e incluso dudó de él mismo, para acabar afirmando que de lo único de lo que sí podía estar seguro era de que pensaba.  Estableció una serie de criterios sobre los que podía basarse para llegar al conocimiento, como el de aquello que fuera "claro y distinto" ["distinto" en el sentido de "claro" (cfr. distinct en inglés), por lo que resulta ser una frase pleonástica] para su razón.  Este principio no es ni claro ni distinto, pero también estableció el criterio de la lógica y la razón.  Eso lo pudo establecer claramente en la matemática.

El prescindir de la tradición llevó a lo que se denomina una "secularización" del pensamiento.  Esto significa que el hombre moderno renunció a aceptar la tradición religiosa, la verdad revelada, y sólo aceptó como bases del saber y del conocimiento dos fuentes: la razón --pensando lógicamente se establecía verdades que fueran evidentes a ella misma--, y la experiencia.  Lo demás quedó en entredicho y se fue abandonando paulatinamente.  Se hizo tabla rasa de la Física de Aristóteles y de la tradición escolástica de la Edad Media.

El método del pensamiento  crítico moderno --atenerse sólo a lo que fuera "claro y distinto" a la razón, prescindiendo de la tradición, la verdad revelada, lo que dijeron los grandes autores--, trató de aplicarse no sólo a las verdades de la ciencia natural sino también a las acciones del hombre, a la vida social, a la historia.

La posición de Descartes al respecto es muy clara cuando dice que "en la historia lo mismo que en la moral y la religión me atendré a lo que me enseñaron mis mayores.  No someteré esas verdades al análisis de la razón y la experiencia."  Para Descartes la historia son fábulas para entretener a los niños y dar ejemplos moralizantes: no se ocupa de la realidad, de la verdad de los hechos, sino que da ejemplos edificantes y moralizantes --así fue como hicieron historia los griegos--, y por lo tanto no le interesa.  Probablemente estas opiniones que expresaba sobre la historia se explican por el hecho de que no quería entrar en conflicto con los poderes establecidos,  y renunció a aplicar el método a la historia, la vida social y moral.

Sin embargo el concepto moderno de la historia --hacer historia de la humanidad en su conjunto, o de los pueblos--, empezó a aparecer ya a fines del siglo XVII.  El monje benedictino Mabillon --1632-1707--, hizo crítica "testimonial" de los documentos y desarrolló la técnica de la paleografía para establecer su autenticidad.  Se basaba en los documentos que habían dejado los hombres de estado, los diplomáticos, las cancillerías.  Todos los documentos escritos se llamaban "diplomas", y a esta ciencia se la llamó la "ciencia diplomática".  Este es el primer paso, el método que tiene que dominar un historiador para hacer una historia realista.  Se descubrió que la famosa Donación de Constantino, documento supuestamente hecho en el siglo IV y que daba al Papado dominio y propiedad sobre terrenos que abarcaban la mitad de la Italia central, era inauténtico y había sido hecho en el siglo XV.

Otro antecedente inmediato del concepto moderno de la historia, y un antecedente muy inmediato de la Ilustración, fue la obra titulada Ciencia nueva --1725--, de Juan Bautista Vico, un funcionario muy oscuro de la Corte de Nápoles que murió cuando Voltaire comenzaba a publicar sus escritos (1740-50).  Aunque las ideas de la mayoría de los filósofos de la Ilustración tienen sus antecedentes en Vico no se lo conoció sino muy avanzado el siglo XVIII.  Fue el filósofo Benedetto Croce en 1930 quien realmente descubrió a Vico, que adquirió la categoría de uno de los grandes precursores de los métodos de la historia moderna.  El punto de vista de Vico es precisamente lo opuesto a Descartes: según él, el hombre podía conocer bien más lo que hacía que lo que los otros habían hecho.  La Naturaleza no la podía conocer el hombre porque no la había hecho.  Era un mundo menos cognoscible que el mundo de las acciones humanas , la vida social, la historia.  La historia es lo que el hombre hace y la puede conocer más claramente.

Vico se propuso crear esa nueva ciencia: la historia.  Habló de la sucesión de las edades, de la historia de la humanidad.  Surgió una idea de la evolución de la humanidad a través de etapas sucesivas.  En cierto sentido es un antecesor de las ideas de la evolución.  Las etapas que fueron desarrolladas por Vico son la de las culturas definidas por lo divino, en las que la religión lo abarcó todo y la cultura era religiosa en su totalidad, la de las culturas heroicas y la de las culturas humanas, idea que recoge Comte, quien habla de la etapa teológica y la etapa científica ("positiva") [que serían la primera y la tercera, con la etapa metafísica entre ellas].

Las grandes figuras de la Ilustración aparecieron en tres grandes centros: Francia, Inglaterra y Alemania.  Algo le tocó a España, a pesar de su monolito de tradición, y a Italia.

En la Enciclopedia, que pretendía ser una síntesis de las ciencias y el pensamiento humano, colaboraron varias figuras principales, como D'Alembert, Diderot, Voltaire y Rousseau, y otras secundarias, como Condorcet.  Inglaterra dio grandes figuras, siendo Hume la mayor de ellas.  En Alemania aparecieron Lessing, Herder y Kant, la culminación, el prototipo del filósofo ilustrado, y el filósofo por antonomasia, podríamos decir.

La idea de los enciclopedistas era que la humanidad había llegado a su culminación, su plenitud, su ápice, en su época.  Por eso a su siglo lo llamaron "el Siglo de las Luces" en Francia y "el Siglo del Esclarecimiento", que eso significa el término Aufklärung, en Alemania.  Era sobre todo el siglo de la razón: el hombre llegó a atenerse para todas sus decisiones a la razón.  Era ya un pensamiento completamente secularizado.  Se tenía la convicción de que se había logrado el prototipo humano.  Todo lo demás, el pasado, era barbarie, atraso, primitivismo.

La figura que expresaba esta idea en la forma más clara, y más graciosa, además, era Voltaire, al que podría considerarse como el periodista de la Ilustración, ya que se propuso ser un divulgador, llevar las nuevas ideas a grandes públicos.  Esto le rindió grandes dividendos y se hizo muy rico.  Escribió con mucha gracia e inteligencia.  Su Cuadro de las costumbres, que suele llamarse la Filosofía de la historia de Voltaire y que escribió para divertir a su amante, Madame de Châtelet, es una historia del desarrollo de la cultura europea desde Carlomagno hasta Luis XIV, una visión de los progresos de la humanidad que abarca desde las costumbres de mesa y las maneras de discutir hasta los progresos en la organización del Estado, la organización política, el derecho y la moral.

[…pero a Voltaire también le fallaba a veces el ingenio.  En Cándido los primeros pocos capítulos son muy graciosos, pero súbitamente decae notoriamente la narración, que se hace simplona, hasta que por fin, a partir de uno de los últimos capítulos, igual de súbitamente reaparecen las ideas divertidas, y continúa así hasta el final.]

Ese pensamiento secularizado fue entrando en conflicto, primero, con la verdad revelada, y en segundo lugar, con los autores tradicionalmente aceptados como dogma por la Iglesia.  La Edad Media fue caracterizada como una especie de Edad Oscura de la humanidad, una época de barbarie.  La barbarie fue el símbolo de esa edad, y de todo el pasado, se podría decir.  Sólo se hacía excepción del Siglo de Oro de Grecia, el Siglo de Pericles.  Este es el punto débil del pensamiento de la Ilustración sobre la historia: la idea negativa del pasado.  La Edad Media es el punto de partida de la Europa moderna.  Lo que llamamos el "Occidente" tiene sus raíces en la Edad Media, a pesar de todo lo que ha tomado de la Antigüedad clásica, pero para los enciclopedistas esta edad dominada por el cristianismo era una edad oscura en la cual la razón no había desempeñado ningún papel.

Montesquieu en El espíritu de las leyes, luego Kant y luego Hegel, que está ya al final de la Ilustración y comienzos del Romanticismo, se plantean esta pregunta y éste problema: si la Naturaleza obedece a unas leyes que ha descubierto la ciencia moderna y que le permite, entre otras cosas, predecir el futuro de las cosas --a la astronomía, predecir los eclipses con años de anticipación, a los físicos el resultado de todos los procesos que estudia la física--, ¿por qué no hacer lo mismo con la historia, la vida social?  Esta no puede ser un acontecer caótico, anárquico, que no obedezca a leyes.  Había que tratar de descubrir, de establecer y formular las leyes del decurso lógico de la historia que permitieran incluso predecir los acontecimientos.  Entonces es cuando se formula unas supuestas leyes de la evolución del desarrollo histórico, social, cultural.

Comienzan postulando un hecho a priori.  La Naturaleza adquiere en Kant (a quien podemos tomar como el prototipo del filósofo ilustrado [afirmación ya hecha]), como en muchos de los filósofos de la Ilustración, el papel de la Divinidad, de Dios, de lo divino.  El concepto de "Naturaleza" fue sustituyendo un poco el de "Divinidad" y de "Dios".  Era la fuente de todo, no sólo de los fenómenos físicos sino también del hombre.  Regía como una realidad no sólo a aquellos sino también el decurso de la acción humana, por lo tanto de la historia.  La idea de Kant, expresada en su opúsculo "Ideas para la historia de la humanidad en su sentido cosmopolita", era que la historia debía tener una meta, que formulaba en términos no muy concretos y claros: la perfección del hombre, el hombre posesor de la razón plena, que se explica todo por medio de la razón y que no necesita apoyarse en el dogma.  Esa meta también era la bondad, la absoluta moralidad del hombre, los altos valores morales, la belleza.  Se trataba de un pensamiento grandioso y sublime con un fundamento teológico, religioso, aunque los enciclopedistas no lo reconocieran.  Kant termina diciendo que todo lo que ha dicho no tiene fundamento, demostración empírica en los hechos, pero que es una idea hermosa en la que vale la pena creer.

En conexión con esta idea surgió la idea del progreso, que es otra contribución característica de la Ilustración.  La creencia clave de los filósofos de la Ilustración era que la suya era la época de la culminación de la civilización.  [Ya lo dijo cinco párrafos atrás.]  El hombre por sí mismo podía dar cuenta y razón de todo sin apoyarse en la religión y la tradición.  La historia sería un progreso continuo e indefinido hasta una etapa en la que se llegaría a una Edad de Oro.  La Ilustración transmitió esta convicción al siglo XIX, a Comte, y a Marx, un heredero de la filosofía de la Ilustración que participaba del mismo optimismo sobre el porvenir de la humanidad.  Marx hace una crítica del inmediato pasado, de la filosofía de la Ilustración, pero recoge las metas e ideales que había postulado la Ilustración.

Algunos pusieron en tela de juicio ese esquema optimista.  Empezaron a surgir dudas sobre la teoría del progreso.  Los filósofos de la Ilustración observaban que había tragedias, conflictos, pasiones, luchas.  Veían las sombras, los elementos irracionales que tenía la historia.  No se les escapaba que la historia no era muy optimista, que la historia del hombre no es una historia edificante, y que la marcha del hombre a través de la historia no es un "camino de rosas", como dice Hegel.  La historia es una historia esencialmente trágica, idea que toma del opúsculo de Kant.  [Es célebre éste pasaje de Edward Gibbon, el historiador inglés del siglo XVIII, , en el 2º. capítulo de su Decline and Fall of the Roman Empire: History (…) is indeed little more than the register of the crimes, follies, and misfortunes of mankind.  ("La historia (…) es realmente poco más que un registro de los crímenes, las insensateces y las desgracias de la humanidad.")  Es muy similar a uno en el capítulo 10 de L'Ingénu de Voltaire: "La historia no es más que una descripción de crímenes y desgracias."]

La historia siempre se había explicado en términos de la Divina Providencia.  Era una historia providencial.  Esta es la concepción teológica de la historia.  Quedaba en entredicho la libertad del hombre, pero la filosofía, con los métodos de la ciencia, basándose sólo en la razón y la experiencia, no alcanza a explicarse el acontecer histórico postulando el plan de la Naturaleza con respecto al hombre que lo lleva a las metas óptimas, a la plenitud.  Como la historia tenía grandes sombras había un subfondo trágico que no se amoldaba a la idea de progreso indefinido.

Rousseau fue un pensador que se dio cuenta de que había algo grave, enfermo, negativo, en ese esquema.  Se dice que éste hombre de campo sufrió un gran shock [habría sido mejor decir  "conmoción", para no perturbar a los puristas] al llegar a los salones de París y que no pudo amoldarse, acomodarse a ese ambiente.  Observó que debajo de esos modales refinados había astucia y aun crueldad.  A la pregunta de la Academia de Dijon de si las artes y las ciencias habían contribuido al progreso, al mejoramiento moral de la humanidad, responde negativamente.  Todo el progreso material de la ciencia y la civilización tenía sentido si contribuía al perfeccionamiento moral del hombre.  De lo contrario iba contra las leyes de la misma Naturaleza. Observando su contorno notó los conflictos que comenzaban a aparecer en su época, y por eso se habla de su sentido profético.  Plantea la idea de que el hombre primitivo, el hombre en sus comienzos, fue bueno.  Escribe una frase muy familiar: el hombre nace bueno pero la civilización lo corrompe.  Es la idea romántica del Edén primitivo, la idea del "buen salvaje", el hombre de las primeras etapas de la cultura, a cuya formación contribuyeron los informes de los pueblos primitivos recién descubiertos.  Esta idea la va a recoger el romanticismo en el siglo XIX.  [Se discute todo esto en la transcripción de una discusión sobre Rousseau que será incluida en éste archivo.]

Kant también vio un poco éste problema, como lo dice en su opúsculo.  Se dio cuenta de todos los aspectos negativos y trágicos de la humanidad, llamados por los enciclopedistas los aspectos "irracionales" de la historia, que rompían ese esquema optimista de una marcha hacia el Edén, pero un Edén construido con la tecnología, una utopía científica.  Esos elementos eran los que constituían el motor de la historia.  Si existió una Edad Dorada, sin egoísmo, sin pasiones, debió ser muy aburrida, porque son las pasiones lo que mueve la historia.  Esta idea la recoge Hegel en su Filosofía de la historia de la humanidad.  Afirma Kant que la Naturaleza en ese plan secreto de formar la historia se sirve también de las pasiones, del mal, que aquellas tienen también un papel en ese proceso del progreso.  Habla de "las astucias de la Razón" al referirse a esa realidad inmanente que tiene la historia, al hecho de que se vale de las pasiones y del mal para sus fines.

En ese sentido Marx también es heredero de la Ilustración.  [Es otra afirmación ya hecha.]  Su concepción de la lucha de clases tiene un subfondo maniqueo: la burguesía representó el progreso frente al orden feudal pero luego pasó a representar el freno histórico, el mal, y la clase obrera, el proletariado, se convirtió en representante del progreso.  El advenimiento del socialismo sería entonces la meta, una etapa en la que todos los conflictos desaparecerán.  Se trata siempre de una prolongación de la problemática de la lucha entre el bien y el mal que tenía un subfondo religioso, una secularización de viejas verdades.  En realidad ningún cambio es concebible sin un sentido maniqueo, como una lucha entre principios opuestos.

Haciendo un resumen de las conquistas de la filosofía de la Ilustración, de las "ideas-fuerza" de la época, como se dice [concepto desarrollado a fines del siglo XIX por A.J.E. Fouillée: ideas que determinan la conducta del individuo o de una colectividad], y sus contribuciones a la comprensión de la historia y a la formación de la ciencia histórica moderna, se puede decir que la Ilustración lleva a su madurez, a su plenitud, la idea del pensamiento crítico.  Trata de establecer leyes de causalidad, una monocausalidad, un factor que explique la historia.  Esta se explica a base de factores reales que surgen de la propia historia.  Se acude a los documentos para poder reconstruir la historia real y llegar a descubrir las regularidades, las leyes, si las hay.  Esta es una idea muy fecunda.  Sabemos en la historiografía que eso muy probablemente no es posible, que la historia no obedece a unas leyes ni marcha hacia una etapa de perfección y plenitud, pero la idea misma de descubrir esas leyes es muy positiva.

La Ilustración también contribuye otras ideas.  Hasta esa época se trató de explicar la historia política pero no se había hecho de la cultura un objeto específico de la historia, pero en esto hay muchos desacuerdos entre los historiadores.  E. Cassirer (La filosofía de la Ilustración),  Collingwood (La idea de la historia) y Meinecke (El historicismo y su génesis) le hacen un reconocimiento parcial a la Ilustración.  Aparecen ideas que abren el camino a la historia como ciencia, como la de que todo en el mundo obedece a una lógica y es comprensible por la razón, pero la Ilustración está caracterizada por una ceguera para la comprensión de la historia.  Cuando la Ilustración, por ejemplo, habló de las leyes de la historia, no había ciencia sino de lo general.  Cuando se traslada el concepto de que sólo pueden obedecer a leyes los fenómenos que se repiten --en la Naturaleza los fenómenos se repiten, de tal manera que un solo experimento permite generalizar--, al estudio de la historia, se sostiene que los fenómenos de la historia se repiten, son homogéneos.  Esto es muy problemático y seguramente no es así.

Kant en su opúsculo dice que la historia no tiene una lógica y no sigue una ley cuando consideramos a los hombres individualmente, pero sí cuando pensamos en los fenómenos colectivos, sociales, y por lo tanto existen leyes de los fenómenos colectivos.  Se puede predecir cuantos van a ser los matrimonios en Alemania en los próximos años, o el aumento de la población, porque conocemos la relación entre nacimientos y muertes.

En realidad todos los fenómenos históricos son únicos, irrepetibles.  Hay entre los historiadores una polémica en torno a éste tema y se dice que si no puede establecerse leyes exactas entonces por lo menos leyes tendenciales, se puede descubrir tendencias históricas.  Esto tiene que ver con la contraposición lógica entre lo individual y lo general.  No puede haber una ciencia histórica con leyes como las de las ciencias naturales.  Eso que es totalmente nuevo, individual, imprevisible, resultado del azar, lo que suele llamarse "lo irracional", no se puede prever, ni se puede prever sus resultados.  Los autores ya mencionados dicen que la Ilustración carece de la visión para lo individual, que es lo característico de la historia.

Los filósofos existencialistas, como Sartre, adoptan una visión bastante trágica, una concepción trágica que termina un poco en lo absurdo, pero sostienen que es más real que las metas finales, que son simples propuestas del optimismo y de la fe.

Los filósofos de la Ilustración confundieron la historia de Europa, que era el modelo de la historia universal, con la de la humanidad.  Extendieron sus etapas, por analogía, a toda la historia de la humanidad.  Los demás pueblos irían a repetir el decurso de la historia europea.  Esto es una gran falla. 

En segundo lugar estaba la idea de que la historia es una realidad en la que se da lo general, por lo tanto obedece a leyes.  Esta también es una idea muy problemática.

En tercer lugar, hubo una subestimación de lo irracional en la historia, una subestimación de la contribución del individuo.

En cuarto lugar hubo una falta de concepción de lo que es individual en la historia, el desconocimiento de que hay una historia china, por ejemplo, que obedece a dinámicas distintas, valores diferentes.

Meinecke dice en El historicismo y su génesis que la Ilustración careció de la percepción de la individualidad en la historia y que hubo una miopía con respecto al pasado.  Hubo una desvaloración de la Edad Media, así como del cristianismo.  Voltaire hablaba de aplastar a "la Infame", que era la superstición, pero el cristianismo representaba para él a esa superstición.

A pesar de que los filósofos de la Ilustración intentaron hacer una ciencia de la historia no se apoyaron en la evidencia de los hechos, en la experiencia, para sacar sus conclusiones, y de haberlo hecho no habrían llegado a esas mismas conclusiones.

Ese es el balance general: tuvo aspectos positivos y negativos.  Sus ideales --la libertad personal, la tolerancia, la cultura, el arte y el refinamiento de las costumbres--, son ideas, ideales en los cuales vale la pena creer.  Como decía Kant, era la última oportunidad de tener una fe, de creer en los destinos de la humanidad.

         

 

[El sustantivo "problemática" no existe, ni siquiera en francés, pero sí el adjetivo "problemático", y en ambos idiomas).  También se puso de moda, en el ámbito académico, y desde hace más de 20 años, por lo menos en Colombia la bárbara, lo de "al interior de", el "en" presuntuoso de sintaxis galicada (à l'intérieur de), tal vez como en un intento de sus eruditos de cuarta categoría de disimular su condición modesta con expresiones que les parecen ser el colmo del refinamiento.

Discutible, además, lo de China, por la manera de presentarlo, como ejemplo de la irrepetibilidad de la historia.  Cierto, tiene ese pueblo tendencias propias, pero resulta que una de ellas es, casualmente, estar atrapado en un ciclo que parece eterno, inaugurado por el primer emperador, o sea, se combina ahí lo irrepetible con lo repetible, y no sólo eso, sino que es algo que se se está viendo en estos momentos también en Occidente, que tiene su propio ciclo, pero es un tema para otra ocasión.

Pudo el emperador, en el siglo III a.C., unificar por primera vez a la etnia jan.  Eventualmente el mal gobierno acabó con la dinastía y se pasó a un período caótico.  La segunda dinastía impuso el orden y se repitió todo, y varias veces más.  En nuestros días, luego de una guerra civil, otra vez se logró la unión de los jan, pero ahora con una excepción: la "provincia rebelde", como la llama Beiyín (Pequín), que es una isla.  Se agregó al ciclo un elemento extraño a él: la presencia perturbadora de Occidente, que en tiempos de Roma era remoto como la Luna, y unido al otro extremo mediante ese vínculo precario que fue la Ruta de la Seda (la terrestre, porque por algún tiempo también hubo una marítima, pero con el otro extremo, no en Europa, sino en la costa oriental africana, a donde llegaban los chinos con naves gigantescas, cinco veces más grandes que La Niña, que podían llevar a mil hombres, eran como palacios flotantes, comparables a los transatlánticos modernos, y eran las más grandes de la época, y las más grandes jamás construidas hasta ese momento).

El nuevo imperio es totalitario, como los anteriores, pero tiene legitimidad, por su eficacia en el uso de los recursos disponibles.  China tiene apenas 7 % de la tierra cultivable del mundo pero logra alimentar a 20 % de la población mundial, en un país donde las hambrunas eran legendarias, la última de las cuales se presentó en la época de Mao Sedong (Mao Tse-Tung).  También los rebeldes se asombran, y participan del auge instalando industrias en tierra firme, en lo que los están imitando los surcoreanos. 

Sigue en la mentalidad colectiva lo del Mandato del Cielo.  El buen gobierno recibe un mandato divino que lo legitima y que pierde al envilecerse, algo que comienza ya a columbrarse con la corrupción oficial.  El ciclo da señales de estar madurando y eso ya está complicando la vida de los gobernantes.

En Occidente reaparece con Sto. Tomás el concepto del mandato divino que no merece sino el buen gobernante.  Este Padre de la Iglesia reconoció el derecho de rebelión, como había hecho Platón en la Antigüedad.  En países tercermundistas la idea es peligosa y subversiva, y se contrapone a las indicaciones de los apóstoles, que promovieron una actitud de sumisión en todos los ámbitos del mundo material: de la mujer al marido, del hijo a los progenitores, del esclavo al amo y del ciudadano al gobernante ("al César lo que es del César").  Eso lo han usado los jerarcas de la Iglesia Católica para justificar ante sus propias conciencias su alianza con tiranos brutales en Latinoamérica, con lo que provocaron la reacción de la "teología de la liberación" de curas como Leonardo Boff en Brasil y Camilo Torres Restrepo, el "cura guerrillero", en Colombia.]     

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario